El grafeno es uno de los elementos químicos más importantes de la naturaleza, que se consigue a través del carbono. Se descubrió en la década de los años 30, pero su utilización no arrancó hasta comienzos de este nuevo siglo. Nace de la agrupación de pequeñas partículas de carbono en láminas bidimensionales muy finas.
Múltiples aplicaciones
Se trata de un material muy práctico, pues sus aplicaciones abarcan desde la elaboración de ordenadores o dispositivos móviles hasta la fabricación de aviones y satélites, aunque su utilidad se extiende, incluso, a la protección del medio ambiente (por sustituir materiales contaminantes) o al ámbito sanitario. Además, se trata de un material muy duro, resistente, flexible y realmente ligero, lo que le confiere una gran maleabilidad.
En su forma bidimensional, se cree que el grafeno es el más fuerte de todos los materiales conocidos. Pero los investigadores, hasta ahora, han tenido dificultades para traducir esa fuerza bidimensional en materiales tridimensionales útiles. El MIT ha conseguido resolver el problema analizando el comportamiento individual de los átomos que componen la estructura del material.
Un equipo ha podido comprimir pequeños copos de grafeno, usando una combinación de calor y presión. Este proceso produjo una estructura fuerte y estable, cuya forma se asemeja a la de unas criaturas microscópicas llamadas diatomeas. Estas formas demostraron ser notablemente fuertes y permitieron su aplicación 3-D.
El resultado de esto ha sido la creación de un nuevo material con una configuración similar a la de una esponja y cuya densidad es de tan solo un 5%. De esta forma, se ha conseguido que la estructura porosa de grafeno pueda tener una resistencia 10 veces mayor que la del acero y realmente ligero.
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